Pocos personajes de nuestra Historia han caído en un desprestigio tan grande como Agustín de Iturbide. Quizá, el infortunio que le corresponde en la memoria histórica de nuestro pueblo sólo sea equiparable a los sufridos por figuras como Hernán Cortés, Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz.
Ilustre militar realista, Iturbide combatió con fervor a los ejércitos insurgentes, al punto que el virrey Apodaca le encomienda la tarea que definiría su futuro y el de la Nueva España: es nombrado jefe del Ejército del Sur que tenía como misión derrotar a las guerrillas de Vicente Guerrero.
Ante la incapacidad de derrotar a Guerrero (debido al amplio conocimiento que tenía éste de los territorios del sur), Iturbide entendió lo que ningún insurgente en ese momento: la situación del país era muy diferente a la del estallido propiciado por el cura Hidalgo diez años atrás, por lo que si se quería la consumación de la Independencia, había que replantear la estrategia a seguir. En general, la Nueva España era víctima de un agotamiento producido por una guerra que parecía no tener fin y de la cual sólo quedaban las guerrillas de Guerrero (recordemos que Guadalupe Victoria permanecía oculto en la selva de Veracruz); además, los españoles peninsulares buscaban evitar la aplicación de la Constitución de Cádiz, de corte liberal, por lo que la opción de un gobierno autónomo no sonaba tan descabellada como años atrás.
La solución de Iturbide derivó en el conocido abrazo de Acatempan (cuestionado por el historiador Lucas Alamán) entre éste y Guerrero, y la adhesión de ambas facciones al Plan de Iguala. Dicho Plan “proclamaba la Independencia, declaraba a la católica como única religión de estado, establecía que ‘el clero secular y regular será conservado con en todos sus fueros y preeminencias’, y pedía que los europeos, criollos e indios se unieran en una sola nación. Como régimen del nuevo ‘imperio’ mantenía la monarquía. Habría de invitarse al propio Fernando VII a ceñir la corona o, en su defecto, otro miembro de una casa reinante. Mientras, una Junta de Regencia asumiría el poder” (Villoro, 2000).
El plan de Iturbide logró unificar a la incipiente nación en un proyecto bajo las Tres Garantías de “Religión, Independencia y Unión”. A partir de la consumación de la Independencia, acaecida el 23 de septiembre de 1821, la fama y el prestigio de Iturbide se dispararían, elevándolo al grado de héroe de la Patria; de hecho, su figura se equipararía con la de héroes clásicos y bíblicos, presentado como un “nuevo Moisés” por el pueblo. A pesar de la proclama popular, el movimiento encabezado por Iturbide poco tiene que ver con el desatado por Hidalgo y Morelos años atrás. A diferencia del de estos últimos, de carácter más popular, la consumación de la independencia tiene el apoyo de la oligarquía criolla.
Al consumarse la Independencia, Iturbide tomaría la presidencia de la Regencia y el 24 de febrero de 1822 instauraría el Congreso Constituyente, al cual se le otorgaría la facultad de que en él residía la soberanía de la Nación. Posteriormente, el 18 de mayo de 1822 Iturbide sería aclamado emperador, a pesar de su negativa. El Congreso, amenazado por el pueblo, ratificaría dicha decisión y Agustín I sería coronado el 21 de mayo del mismo año.
Al ascender Iturbide al trono, los conflictos con el Congreso se exacerbarían. Los viejos revolucionarios fueron olvidados y el Congreso se mostraba desidioso ante las urgentes reformas que necesitaba un país sumido en una severa crisis financiera. Dicha crisis, sumada a la fuga de capitales y las conspiraciones de las logias masónicas, orillarían a Iturbide a abdicar el trono. Antonio López de Santa Anna se subleva en su contra, uniéndosele los antiguos revolucionarios Victoria, Guerrero y Bravo, e Iturbide, temiendo el estallido de una guerra civil, se exilia en la Villa Fournier, Italia.
Perseguido por los gobiernos borbónicos y con el rumor de que la Santa Alianza planeaba reconquistar la Nueva España, Iturbide se traslada a Inglaterra, para después zarpar a México, buscando poner su espada al servicio de la Independencia. Sin embargo, dos semanas antes el Congreso proclamaría un edicto sumamente injusto, del cual no tuvo noticia a tiempo: Iturbide era declarado traidor y enemigo público del Estado, y sería fusilado si ponía un pie en México, cosa que sucedió el 14 de julio de 1824, cuando desembarcó en Soto la Marina, Tamaulipas. El 19 de julio de 1824 el Congreso local de Tamaulipas lo sentenciaría a muerte sin juicio previo ni abogado alguno. En sus últimas palabras, pidió que su nombre no fuese un sinónimo de traidor ante los ojos de la Historia.
El otrora héroe de la Independencia fue víctima de una seria campaña de descrédito por parte del Congreso y los historiadores liberales. De hecho, se declaró que el día de la Independencia sería el 16 de septiembre, no el 23. Además, se eliminó su nombre de la lista de los insurgentes que sirvieron a la Patria (posteriormente, en 1943, de una estrofa del Himno Nacional), fue suprimida la corona del escudo nacional, y el papel moneda que incluía su nombre fue puesto fuera de circulación. Por si fuera poco, las letras de oro con su nombre que figuraban en uno de los muros de la Cámara de Diputados fueron removidas en 1921, lo que prueba el severo juicio que tuvo el país con uno de sus libertadores.
En este Bicentenario habría que reconsiderar la figura y obra de un hombre, que si bien fue mal gobernante, como lo fueron muchos de los libertadores americanos, no merecía ni la muerte que tuvo, ni el posterior castigo de la Historia.
Villoro, L. (2000). La revolución de independencia en Historia General de México. México, DF: El Colegio de México.
Para saber más al respecto: http://www.cliotv.com/index.php?go=programas_uno&id_coleccion=0&id_programa=281&idioma=esp
Imagen tomada de: http://www.voyagesphotosmanu.com/Complet/images/augustin_iturbide.jpg
Bien, no sé cómo pasé Historia en la primaria, de nuevo en la secundaria y prepa, y saqué casi 100 en 'Estudios Mexicanos: Sociedad y Cultura'. Me encanta la historia, universal, latinoamericana, mexicana. Pero hasta me sentí mal de no saber cuanta cosa escribes aquí de Iturbide.
ResponderEliminarSólo sé que, bien tienes razón, por muchos es considerado como un traidor, mal gobernante y merecedor de tener su nombre manchado hasta la fecha. Y, en efecto, muchos maestros nos lo plantearon de esa manera desde la infancia. Sé que yo nunca tuve particular interés por leer anécdotes de Iturbide y su participación en la Guerra de Independencia, pero sé que al menos lograste que tu nueva lectora se culturizara un poquito más al respecto y concordara con tu postura en este texto.
P.D. Por cierto, ya me hice aún más fan tuya con eso de que citas en APA ♥.
Don Agustín de Iturbide fue un hombre que dio libertad al pueblo de México oprimido por la corona española. Si bien como emperador no supo gobernar, tampoco merecía ser tratado como traidor y mucho menos ser asesinado de esa manera. ojala que en este 200 aniversario de la consumación de la independencia Mexicana su nombre se limpie y figure su verdadera historia dentro de los libros de texto y se deje de inculcar tanta mentira que solo favorece a las personas que están en el poder. viva Agustín de Iturbide.
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