En el origen de la mayor parte de las fotografías están la familia y el turismo. Por su capacidad de consagrar y solemnizar, las fotos sirven para que la familia fije sus eventos fundadores y reafirme periódicamente su unidad. Las estadísticas revelan que los casados poseen mayor número de máquinas fotográficas que los solteros, y los casados con hijos superan a los que no los tienen. El uso de la cámara también es mayor en la época en que la familia tiene hijos y menor en la edad madura. Hay una correspondencia entre la práctica fotográfica, la integración grupal y la necesidad de registrar los momentos más intensos de la vida conjunta: los niños fortalecen la cohesión familiar, aumentan el tiempo de convivencia y estimulan a sus padres a conservar todo esto y comunicarlo mediante fotos. Otro modo de comprobarlo es comparando la fotografía de lo cotidiano efectuada sin intenciones estéticas con la fotografía artística y la participación en fotoclubes: la primera corresponde a personas adaptadas a las pautas predominantes en la sociedad, la otra a quienes están menos integrados socialmente, sea por su edad, estado civil o situación profesional. (38)
sábado, 26 de febrero de 2011
Saca la cámara...
domingo, 20 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
¿Quién dijo que todo está perdido?: Esperanza en los Grammys
lunes, 14 de febrero de 2011
Amorcito corazón. Un adiós a Esperón.
domingo, 13 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
El maestro que se fue, Eugenio Toussaint
El Jazz está de luto. Y no sólo el Jazz, sino la música en general. El día de ayer falleció, víctima de un ataque cardíaco, el pianista y compositor Eugenio Toussaint. Tenía 56 años.
Su carrera es impresionante. Músico prácticamente autodidacta, comienza su viaje a los 18 años como parte del grupo Odradek. En 1976 formaría el legendario grupo Sacbé, al lado de sus hermanos Enrique en el bajo y Fernando en la batería. Despúes, emigraría a los Estados Unidos para convertirse en el director musical de Paul Anka y Herb Alpert, hasta que, simple y sencillamente, se aburrió.
En 1986 decide regresar a México para iniciar una prolífica carrera como compositor. Sinfonías, conciertos, música para obras de teatro, música de cámara y poemas sinfónicos fueron algunas de las formas musicales con las cuales el maestro experimentó. Y claro, el piano y el Jazz, sus dos amores.
Tuve la oportunidad de conocerlo en un curso y dos cosas dejaron una huella en mí. Primero, al ser presentado por los organizadores, con ese amplísimo currículum que lo respalda, el maestro comentaba de manera muy jovial “Lo único cierto acerca de mí es que nunca fui a la escuela”. Autodidacta paradójico, puesto que creía en el poder de la educación (prueba de ello su participación en el proyecto educativo de Fermatta y la escuela en línea Musycom). Aunque mas que creer en un proyecto educativo, creía en la voluntad de los estudiantes para salir adelante en la música, a través de los medios que tuviesen a su alcance, lo cual me lleva a otra experiencia. El maestro comentaba que, cuando comenzó como compositor, llegó a sentirse incapaz. Claro, todo artista se ha enfrentado alguna vez a la dificultad y el peso de aproximarse a un papel en blanco. La diferencia con el maestro, creo yo (y aquí divago un poco y hago uso de un recuerdo donde el Toussaint señalaba que el juicio de sus colegas llegó a pesar. Claro, quién sabe si esto sea evocación o construcción mía) era su impulso autodidacta, su sed creativa, que lo llevó a obtener becas, grabaciones, composiciones y un legado imprescindible para el Jazz y la música mexicana.
Lo que queda ahora es difundir y disfrutar su obra. Se muere siempre demasiado pronto.
En paz descanse, maestro.



