Este espacio busca (entre muchas otras cosas) propiciar la reflexión y la difusión Cultural/cultural. Más allá de plasmar pensamientos de manera unilateral, de ser un mero altavoz para el autor, este blog plantea la necesidad de una crítica bilateral, de inter-acción; un diálogo en el que siempre hay algo más que decir.

miércoles, 9 de febrero de 2011

El maestro que se fue, Eugenio Toussaint

El Jazz está de luto. Y no sólo el Jazz, sino la música en general. El día de ayer falleció, víctima de un ataque cardíaco, el pianista y compositor Eugenio Toussaint. Tenía 56 años.

Su carrera es impresionante. Músico prácticamente autodidacta, comienza su viaje a los 18 años como parte del grupo Odradek. En 1976 formaría el legendario grupo Sacbé, al lado de sus hermanos Enrique en el bajo y Fernando en la batería. Despúes, emigraría a los Estados Unidos para convertirse en el director musical de Paul Anka y Herb Alpert, hasta que, simple y sencillamente, se aburrió.

En 1986 decide regresar a México para iniciar una prolífica carrera como compositor. Sinfonías, conciertos, música para obras de teatro, música de cámara y poemas sinfónicos fueron algunas de las formas musicales con las cuales el maestro experimentó. Y claro, el piano y el Jazz, sus dos amores.

Tuve la oportunidad de conocerlo en un curso y dos cosas dejaron una huella en mí. Primero, al ser presentado por los organizadores, con ese amplísimo currículum que lo respalda, el maestro comentaba de manera muy jovial “Lo único cierto acerca de mí es que nunca fui a la escuela”. Autodidacta paradójico, puesto que creía en el poder de la educación (prueba de ello su participación en el proyecto educativo de Fermatta y la escuela en línea Musycom). Aunque mas que creer en un proyecto educativo, creía en la voluntad de los estudiantes para salir adelante en la música, a través de los medios que tuviesen a su alcance, lo cual me lleva a otra experiencia. El maestro comentaba que, cuando comenzó como compositor, llegó a sentirse incapaz. Claro, todo artista se ha enfrentado alguna vez a la dificultad y el peso de aproximarse a un papel en blanco. La diferencia con el maestro, creo yo (y aquí divago un poco y hago uso de un recuerdo donde el Toussaint señalaba que el juicio de sus colegas llegó a pesar. Claro, quién sabe si esto sea evocación o construcción mía) era su impulso autodidacta, su sed creativa, que lo llevó a obtener becas, grabaciones, composiciones y un legado imprescindible para el Jazz y la música mexicana.

Lo que queda ahora es difundir y disfrutar su obra. Se muere siempre demasiado pronto.

En paz descanse, maestro.



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