Este espacio busca (entre muchas otras cosas) propiciar la reflexión y la difusión Cultural/cultural. Más allá de plasmar pensamientos de manera unilateral, de ser un mero altavoz para el autor, este blog plantea la necesidad de una crítica bilateral, de inter-acción; un diálogo en el que siempre hay algo más que decir.
domingo, 23 de enero de 2011
miércoles, 19 de enero de 2011
lunes, 10 de enero de 2011
Chido, chido valedor.
domingo, 9 de enero de 2011
¡Notable! ¡Sobresaliente!
Ayer hablábamos de cómo el fútbol puede ser visto por el espectador como un escape o distracción de la realidad. Al trasladar el centro de la acción del espectador al futbolista, tenemos otra variante de las posibilidades o los alcances del fútbol: el balón como llave para acceder a un futuro que se muestra poco prometedor.
Acorde a Monsivásis en Aires de familia, el fútbol llega a ser "la oportunidad única de encumbrarse y Ser Alguien". Este Ser Alguien se materializa en las estrellas (al estilo de Hollywood), en los grandes héroes, los romperredes que "representan los modelos perfectos del ascenso, de la maestría que no requiere de riqueza previa, del abrirse paso como si todo fuese una cancha". Historias como las de Maradona o Cuauhtémoc Blanco (sin afán de comparar), quienes se abren camino desde las condiciones más paupérrimas hasta la cúspide de los anhelos populares, poseen un denominador común: un verdadero héroe del fútbol, además de talento, necesita identificarse con el Pueblo, con esa masa que sigue día a día sus proezas y canta a todo pulmón sus himnos. De otra forma, serás un crack, pero jamás el ídolo de multitudes.
Y es que el Pueblo ve en ellos a los que "si la hicieron", que le "pegaron a la grande"; hombres para los que el juego, más allá de una muy redituable profesión, sigue siendo la entrañable cascarita. Para aquellos que presenciamos el juego, los ídolos son quienes, como dicen los cronistas deportivos, aprovecharon la única que tuvieron.
sábado, 8 de enero de 2011
¿Dónde quedó la bolita?

Este fin de semana inició el Torneo Clausura 2011 del Fútbol Mexicano. Para muchos, el fútbol es un estilo de vida, por lo que esta noticia paliará un poco los sinsabores que deja una semana de arduo trabajo, acompañado de alguna bebida refrescante.
Banalizado por muchos, el fútbol es criticado por ser un escape a la cotidianidad y a la frustración generada por n número de factores: el trabajo, la suegra, los padres, los hijos, el gobierno, etc. Y peor es cuando juega la Selección Nacional, donde sus críticos aseguran que dichos partidos son sólo una distracción para la lamentable realidad social que vive nuestro país. En eso hay que estar de acuerdo: uno de los principales objetivos de un deporte es, precisamente, distraernos.
Es aquí donde no se debe perder el enfoque. El fútbol, antes que nada, es un deporte. Pero, como muchas cosas, no es sólo eso. No por nada está dentro de la triada de temas prohibidos en cualquier reunión, cuya aproximación sólo generará diatriba y callejones sin salida (los otros dos suelen ser, en el entorno de una "pacífica reunión", la política y la religión). Este deporte desborda pasiones, nobles y violentas. Además, conglomera a uno de los mercados más poderosos y viciados de nuestro país, muy de la mano con el de los medios de comunicación.
Que el fútbol es una tontería, un espectáculo del pueblo, puede ser, pero quisiera que aquellos que afirman lo anterior sintieran la emoción que siente aquel que mete el gol decisivo en una final o levanta en su mano la Copa del Mundo. Es una tontería de la cual yo quisiera ser partícipe. Ídolos efímeros sin duda; es parte de su naturaleza, efímeros como lo son el gol y el triunfo, perfectos para nuestra sociedad del espectáculo -aunque en estos tiempos de la reproducibilidad de la imagen y el video, el rey Pelé y sus hazañas viven en nuestros hogares y nuestra imaginación por muchos años.
Otro punto en el que habría que hacer hincapié es esa supuesta relación entre ser mexicano y ser futbolero. En alguna ocasión, Javier Alarcón afirmaba en un programa de televisión (junto a Jose Ramón Fernández y Carlos Monsiváis) que la Selección Nacional es "nuestra Gran Madre". No la Virgen de Guadalupe, no la Historia, no la Patria, no los Aliens. La Selección Nacional. Declaraciones como ésta son evidencias de un fanatismo estúpido que pierde por completo la nobleza de un deporte y de sus aficionados. También es muestra del tristísimo periodismo deportivo que existe en nuestro país, tan sesgado y carente de un análisis profundo.
A quienes disfrutan del espectáculo, con todo lo que implica, queda la frase de Pedro Antonio Flores: ¡Hágala! Para quienes no, una paráfrasis de Groucho Marx: "encuentro el futbol muy educativo, cada vez que alguien se pone a verlo, me voy a algún lado a leer un libro".
Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWtjPcCMrmJPjCrwjva6bWrkXRTKPztjmwReCs-bG8QybH35Bd-2KEnV6B8kbCNmL4HrA6pDCS_0M01nCoSLHU_BDDfwRn9ZFmlvDEaua79wjrDUs6RMj17wEhMdjggg8fPd4HmwmnWxY/s400/sancuaunacoveladora.jpg
jueves, 6 de enero de 2011
XY: el hombre, hoy.
Próxima a finalizar su segunda temporada, XY se posiciona como una de las mejores series televisivas producidas en nuestro país (si no es que la mejor). Cabría aquí un juicio clásico pero que debiera ponernos a reflexionar sobre la producción cultural en nuestro país: XY está a la altura de las series de televisión estadounidenses. Dicha afirmación tiene que ser tratada con mucho cuidado. Por una parte, es innegable la influencia que se tiene de los Estados Unidos sobre los contenidos culturales a lo largo del globo; ahondar en ello sería un desperdicio de tiempo y espacio. Además, para una producción incipiente como la de nuestro país (específicamente en el rubro de las series de televisión), medirnos ante el extranjero, ante el vecino del norte, es, muchas veces, nuestra única opción.
Aclarado lo anterior, y con un punto que podría parecer un tanto obvio, no es necesaria una defensa de la producción nacional ante el "invasor" extranjero, sino un apoyo que no sea producto de la lástima, como alguna vez lo señaló Diego Luna en un raro momento de brillantez para el caso del cine. Series como XY no piden nada a cualquier otro contenido extranjero, pero eso no es suficiente. Primero deben de ser tratadas al nivel de cualquier otra serie. Olvidarnos de esa categoría de "Serie mexicana", como si fuese parte de una taxonomía de videocentro, al lado de las "series de acción" y "series de comedia". Además, necesitan ser consumidas. El mercado cultural, como todos, es un campo de juego (o de batalla) y si los televidentes no apoyan este tipo de contenidos mediante sus dos únicas herramientas, el consumo y la difusión, el proyecto está condenado. Y nadie necesita más temporadas de la Academia u horas extras de Ventaneando.
Los contenidos de la serie se encuentran disponibles en YouTube en su segunda temporada. La primera temporada se encuentra a la venta en DVD.
Imagen: http://www.eluniversal.com.mx/img/2010/10/Esp/04xy90cc.jpg
miércoles, 15 de diciembre de 2010
La red social, ¿para qué?
Antes que el título sorprenda y levante críticas por todas partes, hay que aclarar que se trata de la nueva película La red social, la cual trata, básicamente, de la historia de Facebook y los conflictos interpersonales y legales que se adscriben a ella y a su creador, Mark Zuckerberg. ¿Algo más? No realmente; una trama digna de Wikipedia.
Nadie niega el impacto y la importancia de la red social y del fenómeno que es Facebook. Vaya, probablemente esta entrada esté publicada en algún muro en Facebook. De ahí a que sea una historia que valga la pena, hay un mundo de diferencia. Podrá argumentarse que quién dice qué vale la pena contar, o si películas como Terminator o Depredador poseen esa legitimidad fílmica. Sería perder la idea. Habría que preguntarse ¿en qué difiere de una historia como la de Steve Jobs y Bill Gates (Piratas de Sillicon Valley), quienes cambiaron el mundo de manera más profunda de lo que lo ha hecho Zuckerberg? ¿Acaso toda historia de éxito empresarial merece una película en nuestra sociedad capitalista? Es más, si de eso se trata, considero más "humano" y "profundo" el filme En busca de la felicidad. Por lo menos, era más apasionante e intrigante preguntarse dónde iba a dormir el protagonista esa noche, que recrear el momento en el que al fundador de Facebook se le ocurrió incluir un Muro dentro de su sitio.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Los Minondo: de lo privado a lo público

El Bicentenario quedó a deber en muchos sentidos, tanto para los círculos académicos como para la población en general (o ¿será que no pasó de ser una buena fiesta?). Dentro de los esfuerzos televisivos que habrían de destascarse se incluyen Discutamos México, Gritos de muerte y libertad, y la serie que ocupa esta entrada, Los Minondo.
Producida por Once TV, Los Minondo relata las vivencias de una familia desde la decadencia del Virreinato hasta la Revolución, mediante una perspectiva que los relaciona directamente con los acontecimientos históricos más relevantes de dicho periodo. A través de la historia de Manuel Minondo y su descendencia -tanto con la española Cayetana Minondo como con curandera Eduviges San Juan-, el espectador vive los acontecimientos públicos que se gestaron en aquellos años, mezclados con las intrigas y problemáticas propias de la esfera privada.
Lo más sorprendente de dicha serie son las ambientaciones y los detalles que se cuidaron para recrear cabalmente las costumbres de la época y las relaciones que se daban entre lo público y lo privado. Para esto, el vestuario, la música y la fotografía cumplen a la perfección su cometido de sumergir al espectador en uno de los periodos más complicados de la Historia de México.
No obstante, la serie tiene algunas fallas. Si bien el guión desarrolla una historia llena de drama y peripecias, pareciera como si se forzaran las relaciones de la familia Minondo con los acontecimientos históricos. De repente todos son amigos o conocidos de los principales próceres de la Patria, lo cual tiende a restar credibilidad al impacto que tuvieron las guerras de Independencia, de Reforma, o la invasión norteamericana, en la cotidianidad del mexicano. Un conocido de Benito Juárez o de Agustín de Iturbide seguramente vivió la Historia de manera diferente a alguien ajeno por completo a dichas figuras. Además, los saltos en el tiempo llegan a sorprender al televidente: si no tenemos frescos nuestros conocimientos históricos, podemos perdernos en la trama. Supongo que es un riesgo que se corre al evitar (no siempre con éxito) ser una serie aleccionadora, casi documental.
A pesar de lo anterior, vale la pena checar la propuesta de Once TV (los episodios pueden encontrarse en YouTube), la cual se suma a otras de muy buena calidad como XY o Bienes Raíces. Enhorabuena por Once TV.
Imagen tomada de: http://www.oncetv-ipn.net/minondo/index.htm
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